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¡QUE NUESTROS HIJOS NO VIVAN LO QUE NOS TOCO VIVIR A NOSOTROS!
CONFUNDIMOS LIBERTAD, CON LIBERTINAJE Y ABANDONO


Por: Francisco Mario Morales | Fuente: Catholic.net



Con esta buena intención, pero con una gran ignorancia, comenzó, inició, tuvo origen la decadencia de muchos adultos y de la mayoría de los jóvenes adolescentes y niños.

 

Desde aquí comenzó todo. En nosotros mismos dio origen el problema. Esto fue la causa y el origen, lo demás son las consecuencias.

 

COMENZO LA CONFUSIÓN:

 



CONFUNDIMOS LIBERTAD, CON LIBERTINAJE Y ABANDONO

 

Si nosotros no tuvimos apoyo, formación, comunicación y diálogo, ¡eso es lo que nos tocó vivir y nuestro compromiso y responsabilidad es esforzarnos para que nuestros hijos lo vivan y lo tengan!

Pero desde hace algunas décadas se mal interpreto, se dio un mal sentido y se agregó la indiferencia el comodismo a lo que ahora estamos viviendo.

Se extinguieron los deberes y se dio cabida al egoísmo. Nosotros mismos comenzamos el desorden y el abuso. Todo lo volvimos relativo, se cayó en el exceso y la justificación. Comenzó la confusión: La libertad se confundió con libertinaje, al amor por simple pasión, al deseo por irresponsabilidad, al egoísmo por derechos, etc.



 

Nosotros no tuvimos libertinaje, ahora muchos de nuestros hijos tienen toda la aprobación para el placer y la “diversión” a discreción. El abuso y el exceso es un derecho.

 

Si nosotros vivimos con ciertas restricciones familiares, morales y religiosas, ahora que no haya límite, porque hay derechos. Antes había respeto, pero no había confianza. Ahora que haya “confianza” aunque no haya respeto.

 

Si nosotros vivimos con limitantes económicas, ahora nuestros hijos no deben tener privaciones; Aunque no tengamos los medios suficientes, tenemos que conseguir y “proporcionarles” lo suficiente para que “gocen” y “disfruten” lo que no tuvimos nosotros. “Nuestros hijos no tienen porque esforzarse y luchar”. Dice un refrán popular:“Lo que no cuesta todo se vuelve fiesta”.

 

De esa forma y con esta mentalidad, hemos hecho seres egoístas, envidiosos, soberbios e irresponsables. Valdría la pena preguntarnos ¿Y qué harán nuestros hijos con sus hijos?

 

Nos volvimos permisivos, tolerantes excesivos, liberales. Hemos dejado que, supuestamente, los hijos crecieran a su manera, para que cada uno fuera madurando con la “experiencia” de la vida, y así fueran responsables. Teoría que hemos comprobado que no es cierta, y las consecuencias han sido: El abuso, exceso, la desintegración familiar; El suicidio, el homicidio, la drogadicción, el alcoholismo y la prostitución, por mencionar algunos efectos. Es urgente que retomemos esta advertencia: “Para ser libres hay que aprender a ser responsables”.

 

El no ser responsables, el no conocer la lucha y el esfuerzo, el no tener nobles objetivos; el desconocer los valores religiosos, morales y familiares ha llevado a la juventud, a la enajenación, al embobamiento, al ensimismamiento y a la locura.

 

La adolescencia y la juventud buscan fugarse de la realidad, para no encontrarse con su cobardía, para evadir la responsabilidad y para llenar su vacío existencial. Por eso le tiene miedo a la soledad.

 

Nos dice Mons. Genaro Alamilla: “El hecho de conocer la precaria situación de la juventud de hoy, nos lleva a preguntarnos ¿Quién corrompe a la juventud? ¿Quién ha creado un mundo tan lleno de suciedad? ¿Quién ha creado este infierno? Y la respuesta que salta a la mente es: Nosotros los adultos somos los que hemos creado este infierno en el que agoniza moral, espiritual y físicamente nuestra juventud. No encontraremos otra respuesta objetiva, verdadera, que los adultos que sólo miran signos de pesos, que tiene como objetivo de su vida el lucro máximo sin importarles si los medios que emplean son buenos.” (Revista bimestral “Inquietud Nueva” – Pag 31).

 

Si queremos ser verdaderos cristianos tenemos que cumplir con la ley de Dios. No podemos decir que no tenemos tiempo. Si el tiempo nos alcanza para las cosas del mundo ¿por qué no tiene que alcanzarnos para las cosas de Dios? (Pbro. Flaviano Amatuli V.)

 

Otro fenómeno es la tendencia que podría llamarse fuga del mundo por parte de los laicos: Se evaden deberes y responsabilidades. Y nos refugiamos en una espiritualidad falsa (costumbres externas). El laico es un hombre de fe en el mundo y para el mundo:

 







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