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¿Queremos paz? Oremos por el enemigo
¿Queremos vivir con menos miedo y más paz? Pidamos también al Señor que aleje de nuestras vidas a quienes nos dañan.


Por: Salvador Reding Vidaña | Fuente: Catholic.net



Jesús nos dice que debemos amar a nuestros enemigos, y también el cristianismo nos enseña que el mejor amor es orar por las personas. Santa Teresa escribió que la oración “es el amor que habla”. Así, amemos a los enemigos de nuestra gente orando por su conversión, arrepentimiento y enmienda. Que sus corazones abandonen la maldad, se alejen del mal y empiecen a hacer el bien. ¿Muy difícil que se conviertan y hagan esto? Por supuesto, pero en estos casos aplica el principio de Jesús narrado por Mateo de que “para Dios todo es posible”, incluida la conversión del malvado.

En su evangelio Mateo nos narra lo siguiente que dijo Jesús: “Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian y rueguen por los que los persiguen y calumnian, para que sean hijos de su Padre celestial, que hace salir su sol sobre los buenos y los malos, y manda su lluvia sobre los justos y los injustos.” Hagamos el bien por medio de la oración.

San Pablo en Romanos 12:14 insiste: “Bendigan a los que los persiguen. Bendigan, y no maldigan”. Bendecir no significa dejar de reconocer el mal que se nos hace, sino pedir al Señor por quienes lo hacen. ¿Difícil bendecir y no maldecir? Por supuesto, lo es por nuestra naturaleza humana, y por eso tiene tanto valor ante el Señor.

Hagamos pues como Él nos pide y oremos por quienes hacen tanto daño a nuestra población. Oremos en común y nos escuchará el Padre. Y así la violencia irá disminuyendo. La dureza del corazón de los criminales puede ser enorme, pero en algunos irá entrando la conciencia para entender que el mal que hacen debe terminar y se alejarán de sus actividades criminales. Conforme a su justicia el Señor castigará a quien no le obedezca y nos ataque, y en su misericordia perdonará y auxiliará a los arrepentidos, para que dejen el mal y hagan el bien. ¿Queremos vivir con menos miedo y más paz? Pidamos también al Señor que aleje de nuestras vidas a quienes nos dañan.

Es de humanos pensar en vengarse del malvado, pero en vez de buscar nuestra venganza ante los malvados, dejémoslo al Señor y su justicia. En Levítico 18 se nos enseña: “No te vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo, sino amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo Yahvé”. Volvemos al punto humano ¿es muy difícil evitar el rencor? Cierto, mucho, y por eso tiene tanto valor para Dios y nos toma en cuenta el evitarlo.



Existe el camino de reducir o evitar la violencia por medio de la acción y la justicia del Estado, que debe protegernos. Pero no debemos concebir y confundir justicia con venganza. Es legítimo pedir, exigir justicia a los gobernantes que deben protegernos, y si en cumplimiento de su responsabilidad el Estado encarcela al delincuente, esa es una manera de que deje de dañar a la gente. Ya en prisión, muchos malvados reflexionan sobre el daño hecho y lo reconsideran, quizás demasiado tarde. Y no está mal que oremos por el legítimo ejercicio de la justicia humana.

Tristemente no vivimos en paz, sino en el miedo, y si queremos ir recuperando la paz social oremos por la conversión de los enemigos de nosotros y del Señor. La oración nos irá recuperando la tan anhelada paz social, el Señor tiene sus formas y caminos. Quejarnos, dejarnos llevar por el rencor y el odio no ayuda ni siquiera para tranquilizarnos, la oración en cambio nos traerá paz al corazón, y podremos perdonar. Oremos pues, oremos sin cesar en lo personal y en lo comunitario, por nosotros mismos, por los nuestros y por los enemigos.







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