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Guadalupe, la madre que reconcilia dos pueblos: mexica y español
María es prueba de la más alta dignidad de la mujer, es la auténtica Eva.


Por: Pbro. Joaquín Dauzón Montero | Fuente: Semanario Alégrate



Este tercer domingo de Adviento coincide, en la fecha, con la fiesta de la Virgen de Guadalupe. Pero, más allá de nuestro amor filial, porque los mexicanos vemos en ella la figura femenina de mujer y de madre, que mueve nuestra sensibilidad humana, queremos aprovechar para resaltar los rasgos de la mujer escogida por Dios para hacer posible su presencia en nuestra historia, historia de salvación.

Uno de sus primeros rasgos es que en el antiguo Testamento es vista como la cúspide y como hija de Sion, pues representa a todo el pueblo israelita. Es portadora de la fe verdadera y de la esperanza vivida del resto privilegiado de los pobres de Israel y del mundo entero, que buscan justicia ante el Señor. Es la israelita por excelencia y la madre mesiánica, cuya figura delinean los profetas.

Como el segundo de sus rasgos, María es prueba de la más alta dignidad de la mujer, es la auténtica Eva, podríamos decir, principio y meta de la salvación, madre del descendiente de la mujer que aplastará la cabeza de Satanás, pero también es la cara opuesta de la Eva del principio y quien inicia el diálogo interrumpido en el Edén.

Como un tercer rasgo, María, antes que otra cosa, es un ser humano, una persona humana, que no necesita nada para ser, pues el mismo Dios la preparó para desempeñar el papel de SER la madre de su Hijo. Así que María es la persona por excelencia, es la escucha, la que se compromete con Dios, la gran colaboradora en la nueva creación de la humanidad, la que hace posible la Vida, con mayúscula, en la vida de todo ser humano de buena voluntad.

Y a propósito de María en su advocación de Guadalupe, me llama mucho la atención la interpretación de un español acerca de sus manos. Él dice que era costumbre de los indígenas presentarse con las manos juntas, como las tiene María de Guadalupe, cuando entregaban algún regalo a alguien. Y yo, que soy un analfabeta en estas cuestiones, me gusta mucho esa manera de verle las manos a nuestra madre, pues lo que nos trajo ella a los mexicanos, como regalo sin precio, fue al Hijo de Dios, su hijo Jesús, quien hizo posible la reconciliación entre dos pueblos: el mexica y el español, por su mediación. Celebremos alegremente esta nuestra fiesta sin olvidar que el tiempo litúrgico del Adviento nos invita a la preparación de quien viene ahora a nuestro rescate.









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