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Dimisión de lo humano
La dimisión de lo humano es un tema central en la reflexión de cara al tercer milenio


Por: Movimiento de vida cristiana | Fuente: ACPSI



La dimisión de lo humano es un tema central en la reflexión de cara al tercer milenio. El Papa Juan Pablo II señalaba en una ocasión: "La nuestra es, sin duda, la época en que más se ha escrito y hablado sobre el hombre, la época de los humanismos y del antropocentrismo. Sin embargo, paradójicamente, es también la época de las más hondas angustias del hombre respecto de su identidad y destino, del rebajamiento del hombre a niveles antes insospechados, época de valores humanos conculcados como jamás lo fueron antes".

Muchos en este siglo que termina han sucumbido a una visión en que la dignidad del ser humano ha sido reducida a la categoría de una cosa o de una función. Sin duda es una dimisión de lo humano. Algunos lo han notado. Así, Ignace Lepp, famoso psicólogo de lo profundo, ha calificado con duras palabras a quienes no buscan conocer y responder a su dignidad: "Traidores a su humanidad, ya que se niegan prácticamente a reconocer y asumir el carácter trascendente de su naturaleza", ha dicho, señalando que: "viven como cosas en medio de cosas". Apunta Lepp a un fenómeno paradójico. En tiempos en que se ven tantos desarrollos tecnológicos, en que la humanidad cree haber avanzado tanto, el hombre es víctima de un proceso cosificador, sometido a conceptos más propios del mercado o el comercio que de la condición humana, su dignidad y su misión.

¿Inconsciencia?

De hecho se dan casos de personas que actúan como si en verdad hubiesen dimitido de su condición de ser humano. Ese desistimiento consciente o inconsciente de ser persona tiene unos graves efectos que no parecen estar desligados de los horrores cometidos contra las personas durante el siglo XX. Una mirada retrospectiva permite llamarlo "siglo del horror".

Avances y muchas cosas buenas ciertamente se han dado en estos cien años. Ellos, sin embargo, no pueden ocultar la tragedia en la que se ha sumido la humanidad, y que se manifiesta ante todo en la dimisión de lo humano. Un autor inglés ha llamado a este tiempo, ojalá que no premonitoriamente, el inicio de "la abolición del hombre".



¿Cancelación humana?

Una serie de antropologías erradas, principalmente nacidas de la ilustración, alimentan este proceso cosificador del ser humano. Éste explica la muerte intencional de millones de personas. Las guerras, los campos de concentración, las torturas, las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki parece que han sido forjadas en una conciencia laxa de humanidad.

Por alguna curiosa mistificación el horror ha sido despojado de su sentido. A las muertes premeditadas de los más indefensos -los concebidos cuyas vidas han sido segadas en el vientre materno- se las designa con eufemismos buscando ocultar lo que en realidad son. El que la legislación pueda permitir una barbaridad así evidencia el grave retroceso moral de muchos sectores de la humanidad en este siglo.

Así como ayer el dedo acusador de la humanidad señalaba a Hitler y sus seguidores, a Stalin y sus parciales, a Pol Pot y los suyos, el dedo acusador de la conciencia recta de la humanidad ha de señalar a los genocidas de hoy y a sus cómplices. Y, así como en los juicios de Nuremberg un orden legal dado no sirvió de excusa para declarar irresponsables a quienes habían cometido delitos de lesa humanidad, es de suponer que un futuro que valore al ser humano tampoco habrá de conceder descargo a quienes legislan o se someten a leyes contrarias al ser humano. Obviamente, desde una perspectiva cristiana, siempre queda el horizonte de la misericordia, aprendida e interiorizada desde la bondad de Dios, rico en misericordia, y de la Oración que el Señor enseñó: "Perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a quienes nos ofenden".

Cosificación



Se está ante un proceso de cosificación que prescinde de la naturaleza de la realidad humana, y la conceptúa operativamente sobre la base de diversos criterios funcionales. Este fenómeno de dimisión de lo humano, generalizado en muchas sociedades, constituye la base de la tragedia de abortos y eutanasias, y de otras muertes crueles. La perspectiva de costo y beneficio, es totalmente inaceptable para medir la realidad profunda de la persona humana y su convivencia social.

Sin entrar en complejos análisis basta tener en cuenta que existe esa actitud, y no sólo en las sociedades económicamente avanzadas. En diversos ambientes de la ciudad y el campo hay quienes dimiten de su humanidad en el sentido señalado o que actúan como si lo hubiesen hecho. Urge tomar conciencia de esta realidad, pues es un proceso que atenta directamente contra la dignidad del ser humano y obviamente vulnera los derechos naturales que de esa dignidad brotan. Igualmente, es muy importante detectar lo que se puede llamar auto-cosificación, no sólo por los graves efectos sobre quien la vive, sino porque afecta también gravemente a cuantos sufren su irradiación. Parece claro que el futuro depende en buena medida de la respuesta que se otorgue a la auténtica vocación de ser persona humana.

Fuente: Movimiento de Vida Cristiana - Subsidios - Escritos Luis Fernando Figari.
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