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¿Quién se ha llevado mi queso (comunicativo)?

¿Quién se ha llevado mi queso (comunicativo)?
Cambiar las actitudes no es sencillo. Todavía no hemos empezado a buscar el queso de verdad. Andamos dando vueltas con análisis, programaciones y actividades que buscan en el mismo lugar agotado. Quienes empiezan a rastrear nuevos depósitos de queso, lo h


Por: Néstor Mora |



¿Quién se ha llevado mi queso? Es una fábula empresarial moderna, escrita por Spencer Johnson. Si no la conocen pueden leerla en la red, ya existen muchas copias circulando por las redes sociales y las webs.

Para quienes no conozcan la fábula, se trata de una historia en la que dos liliputienses y dos ratones se enfrentan a la desaparición de todo el queso que existía en un depósito. Ante la sorpresa, los ratones actúan de forma instintiva y tras algunos días, encuentran otro depósito de queso. Los liliputienses se quedan muchos días evaluando lo ocurrido, deprimiéndose y generando un considerable miedo al cambio. Pero, como es lógico, terminan por darse cuenta que cuando el queso se acaba, hay que buscar de nuevo. Nada se logra quedándose quieto sin hacer nada.

Aunque es una fábula empresarial, que busca motivar a los empleados a adaptarse rápidamente a los cambios, desde el punto de vista eclesial podemos sacar algunas consecuencias interesantes.

La primera de ellas es que tras una crisis es necesario actuar para no caer la indolencia y la depresión. La Iglesia ha señalado el peligro del quietismo. Es decir, la actitud de esperar que Dios los resuelva todo sin movernos nosotros. El quietismo señala al ser humano como incapaz de nada bueno, por lo que es mejor quedarse quieto, esperando.

La segunda consecuencia es la necesidad de pasar por un tiempo de cambio y redescubrimiento. Cuando todo era fácil, las actitudes sedentarias y acomodaticias se convierten en las más adecuadas. Las actitudes dinámicas se van olvidando, porque no son necesarias. Cuando vivimos una crisis, hay que ser capaz de superar los miedos, dolores y sufrimientos que conlleva cambiar.

La tercera consecuencia es la necesidad de estar atento a los peligros inherentes a todo proceso de cambio. Existe un peligro de conformarnos con los trozos de queso rancio que podamos encontrar cerca del depósito. Otro peligro es olvidar el queso y dedicarnos a buscar otros alimentos alternativos que sean fáciles de encontrar sin movernos mucho. Estos alimentos alternativos pueden ser atractivos y gratificantes, pero a la larga terminarán por enfermarnos y hacernos desaparecer. La búsqueda del queso necesita de una nueva actitud interior, no quedarnos con las mismas actitudes o incluso peores, mientras comemos lo que encontramos por el suelo.

¿Cómo llevar todo esto al ámbito de la comunicación eclesial? Lo primero es darnos cuenta que las reglas del juego comunicativo han cambiado terriblemente. Ya los púlpitos de los templos no son capaces de transmitir el mensaje de Cristo más allá de las pocas personas que se acercan. Si encima, el mensaje se adecua para no incomodar, la capacidad de comunicar es nula.

Comunicar el mensaje de Cristo en nuestra sociedad actual, necesita de nuevas actitudes, no de mensajes alternativos. La actitud que necesitamos será la que cree sorpresa entre quienes nos escuchan. Los medios que utilicemos, deben ser aquellos en los que las personas andan conectadas. En este caso, las redes sociales y sobre todo, las polémicas relativistas, son espacios muy propicios para lanzar el mensaje de Cristo.
Pero, como es lógico, nos vamos a encontrar con la inercia de quienes no quieren meterse en líos. Aparecerán inercias internas y externas. Las inercias nos llamarán a no salirnos del guión de siempre y nos rechazarán a través de los prejuicios más eficaces que puedan encontrar. Hay que aprender a esquivar los prejuicios y si podemos, utilizarlos a nuestro favor.

Cambiar las actitudes no es sencillo. Todavía no hemos empezado a buscar el queso de verdad. Andamos dando vueltas con análisis, programaciones y actividades que buscan en el mismo lugar agotado. Quienes empiezan a rastrear nuevos depósitos de queso, lo hacen normalmente en solitario y expuestos a multitud de críticas.








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